La hermandad de hierro: Lazos de acero (VI)

Después de abrigarse y comenzar a bajar por la colina Arnest se dio cuenta que Eidan estaba un poco fuera de sí.

-¿Sucede algo joven Eidan?- Preguntó Arnest.

-Nada en particular...solo estoy un poco nervioso- Respondió Eidan.

-¿Nervioso?- Preguntó Arnest.

-Supongo que es por estar fuera de la ciudad...- Dijo Eidan.

-¿Nunca te aventuraste fuera de la ciudad?- Preguntó Arnest.

-Varias veces pensé en hacerlo, pero al final terminaba por acobardarme en el último momento y la idea desaparecía durante un tiempo...Creo que me acostumbré tanto a la ciudad que salir de mi zona habitual me resultó imposible- Respondió Eidan.

-Interesante...es justo lo opuesto a mi caso- Dijo Arnest.

-¿No le gusta su hogar?- Preguntó Eidan.

-No es que lo deteste, pero no tengo buenas memorias de las personas de ese lugar. Aún sigo buscando la solución a un problema que me causaron hace ya buen tiempo- Dijo Arnest.

-Si hay algo en lo que pueda ayudar, avíseme. Con gusto lo haré- Dijo Eidan.

-Ya lo estás haciendo Eidan...ya lo estás haciendo...- Dijo Arnest mirando el brazo derecho de Eidan.

-...-

Al poco tiempo de bajar por la colina Arnest y Eidan se encontraron caminando por la ciudad donde el invierno era eterno.

Las cosas que Eidan observaba mientras caminaba desafiaban su lógica, gente cargando cosas increíblemente pesadas con facilidad y niños creando fuego con solo abrir su puño. Eidan no podía dejar de mirar todo a su alrededor, estaba sorprendido y emocionado por encontrar una ciudad llena de cosas desconocidas para él.

-¿Qué piensas del poder de la magia?- Le preguntó Arnest a Eidan.

-Es asombroso...- Respondió Eidan.

-¡Haha! Conserva esa actitud y tal vez te enseñe alguno de mis hechizos secretos. Dijo Arnest riendo.

Mientras caminaban Eidan no pudo evitar notar que no podía entender el lenguaje de la gente de esa ciudad.

-¿Un lenguaje diferente?- Pensó Eidan.

-Joven Eidan, por aquí- Dijo Arnest apuntando a un callejón oscuro.

-¿Eh? ¿En serio vamos a pasar por este lugar que grita róbame y déjame inconsciente a todo pulmón?- Pregunto Eidan.

-Confía en mí, es precisamente porque luce así que hay que pasar por el- Respondió Arnest.

Varias dudas se generaron en la cabeza de Eidan mientras caminaba por el largo y extrañamente lleno de giros corredor oscuro aunque, fueron aclaradas por la figura de una casa extremadamente grande que parecía una mansión.

Una casa oculta de la vista común rodeada de construcciones, a excepción de una parte la cual daba hacia lo que parecía un jardín y una reja que estaba conectada al pasillo oscuro que Eidan y Arnest acababan de recorrer.

-Profesor... ¿Es esta su casa de casualidad?- Preguntó Eidan.

-En efecto. El único lugar que verdaderamente puedo llamar mi hogar- Respondió Arnest mientras abría la reja principal.

Después de cruzar lo que parecía ser un jardín cubierto de nieve, subir por unas escaleras y entrar a la casa Eidan y Arnest fueron recibidos por un señor alto, de edad aparentemente avanzada, cabello blanco y vestido en uniforme de mayordomo.


-Bienvenido a casa nuevamente, señor Arnest- Dijo el señor con traje mientras se inclinaba.

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